lunes, 30 de mayo de 2016

Time.

Le gusta cuando tiene que pensar en una salida,  cuando tiene que decidir si tomar un camino derecho o torcido, cuando le preguntan si chocolate o vainilla, cuando le proponen si salir o no, cuando el corazón se entrega por impulso, cuando la canción que suena en el bar casualmente combina a la emoción.

Cada decisión es una posibilidad y cualquiera de esos caminos es otra vida, otra dimensión posible.

Me gustan  las tardes de sol cuando caminamos de la mano y hablamos, charlamos del pasado contaminado de tristeza y del futuro como si fuera una alegría limpia. También descubrimos la cura para una humanidad justa, la teoría de las cuerdas, los extraterrestres, si huevo frito o revuelto, que dónde está el par de la media. Me gusta comprar chicles pensando en que voy a darte un beso más tarde, uno de sandía, de canela, de menta tal vez. Y hoy Elegí el camino de tu corbata por un azar que no entiendo, pero ahora entiendo que no escogería otra vida.

Todo se trata de decisión,  amar es elegir ir por la flor más hermosa que sólo puede ser encontrada en  el borde del más horrible barranco. Cuando hablamos de caminos hablamos de muchas cosas, no sólo de amor;  hablas de todo, de pasión, qué te gusta hacer, a dónde vas, en qué gastas tu tiempo, de cuál es tu destino cuando te subes al bus y te bajas en el trabajo, cuando te bajas en tu casa ¿Vas a donde quieres ir? ¿Vas al lugar en donde quieres descansar? Hablamos de qué piensas hacer al otro día antes de ir a dormir. El tiempo pasa, pasa, no deja de pasar y luchamos cada día con las agujas del reloj que nos persiguen como flechas que nos lanza el destino. Entonces te empiezas a dar cuenta que envejeces cada día, sabes que no puedes equivocarte tanto como antes, y entre más años tengas, la decisión se vuelve más definitiva.


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Te da nostalgia el tiempo que antes parecía sobrar y solías desperdiciar.


martes, 2 de junio de 2015

Trust.

Quién sabe quién es el herido esta vez, porque ya nuestros golpes se confunden y se dirigen hacia nosotros mismos. La luna nueva desaparecida, un humo denso de una noche negra que se despliega por encima de tus ojos, es misteriosa, está llena de sabores alegres del tiempo. Pasa un cóctel por tu mano y tu muñeca se dobla delicadamente para sostenerlo y dirigir una mirada triste a un engaño, la noche sigue corriendo bajo tus rodillas que tiemblan esperando una respuesta a la incertidumbre de la lealtad.

Que suaves son los pliegues de tu vestido que se ha cerrado a las caricias unilaterales, que largos son los dedos que aplastan la duda y apuntan a los sentimientos que se apagan como un motor lleno de agua. No es algo que se pueda arreglar con una charla, es algo de limón y vodka barato, es algo de un adiós interlineado.  








martes, 28 de abril de 2015




Sé que estás escondido en el fondo del mar,
nos encontraron las estrellas
justo debajo del mismo firmamento.

Pero ya he escrito sobre esto antes;
debe ser otra jugada de la vida.
Pero pareces muy preciso,
hasta el tiempo parece indicado.

Nos encontramos en medio de esta casa vieja que llamamos hogar,
un lugar al que volvemos siempre.





martes, 13 de enero de 2015

Mecánico lunes.

Íbamos recorriendo ideas entre las arrugas de las sábanas, nos íbamos de viernes a domingo en la noche cuando tenía que volver al aburrido lunes, lejos de tu cuerpo.  Y empezaba así mi lunes mecánico con una grande esquina del libro doblada en una página de mi memoria. En esa página estaba la sonrisa y las manos entrelazadas, la nariz arrugada y el día tan lluvioso afuera pero todo tan soleado adentro en la playa de la cama que nos dibuja nuevas realidades llenas de suspiros, fuego y brillo en los ojos que se esconden detrás del párpado cerrado por el beso que se acerca y debe sentirse en el silencio de los labios, en la oscuridad de cerrar la mirada mientras mi ser se sumerge en tu energía.

Y quiero un poco más de eso, pero me siento tonta por quererte, porque querer vuelve a la gente tonta y yo puedo ser todo menos eso: una tonta. Pero estoy en la incertidumbre, sentada al lado de la ventana de mi cuarto mientras intento raspar el azúcar del fondo de la taza y te pienso como la tonta que no quiero ser, y soy, porque no sé si estaré equivocada conmigo o contigo, si es un rotundo sí o un no sé. Mientras tanto espero que nuestra conversación te haya vuelto menos ecléctico en los labios y las camas, pero quién sabe, nadie te sabe ya. Tal vez el martes vuelva todo a la normalidad, tal vez la página se pierda y espere a que el viernes todo vuelva a empezar.